Todo nunca es todo

Nota publicada en Diario Ámbito Financiero.

¡Ahora que no llueve, te presto el paraguas, pero cuando empiece a llover, me lo devolvés! Estas palabras son generalmente las de un socio o un accionistas, pero se asemejan a las de un banquero, que sólo apuesta a ganar o ganar, por sí solo, sin importarle que les pasa a las pymes de este país. Cuando manejamos una pyme, nos encontramos siempre en la víspera de la incertidumbre, nunca sabremos exactamente como conducirnos frente a los cambiantes escenarios del mercado. Si bien podemos estimar qué puede pasar, nunca esas alternativas se dan con precisión, para lo cual es importante trabajar cubiertos y decidiendo quienes son nuestros socios.

Cuando se hace esta pregunta responden algunos: «Yo no tengo socios», «Estoy solo y por eso no tengo que discutir mis temas o problemas con nadie». Y es ahí donde yo les pregunto: « ¿O sea que tus clientes no son tus socios? ¿Tus proveedores no son tus socios? ¿Tus empelados no son sus socios? ¿Tus fuentes de financiamiento no son tus socios?».

Los empresarios, en su mayoría, están acostumbrados a tener juntos a ellos lo que yo llamo «los amigos del champán», esos que siempre están cuando hay burbujas y descorches. Los que hacen prédica al «sí señorismo» constante con tal de obtener algo de la empresa, del empresario o todo de su entorno.

Pero cuando empiezan los tiempos difíciles (que siempre están), estos «amigos» desaparecen, se van junto a otros, que están listos para abastecer sus necesidades y su relajo de sometimiento al dinero y al poder. Me pregunto, ¿de qué sirve tener socios de este tipo en una empresa – especialmente en una pyme – cuando éstas se ven sometidas a profundos cambios, oscilaciones y amenazas?

Lo mismo sucede con los empresarios o socios que no confían en su empresa. Sólo se valen de ella aplicando el «efecto tiburón», comen todo lo que hay. Si entra algo a la caja, sólo piensan en qué se van a comprar, dejándolas secas y sin recursos. Conozco empresarios que vuelven de un viaje y ya sacan el pasaje para el próximo, andan en autos de lujo y a fin de mes les falta para pagar los sueldos, o simplemente todo lo que ingrese en la empresa ya tiene destino especifico en sus gastos personales.

Entonces aquí nos encontramos con dos extremos que se tocan; unos son los que no confían porque están afuera, otros porque están adentro. Pero podemos construir una pyme de esta manera.

Es muy fácil trasladar culpas y responsabilidades, y exigir que «otros» lo hagan, pero si «todos» no participan de esto, no hay empresa viable. Para esto es necesario que primero el dueño y los directivos estén alineados en esto. Alineados significa responsablemente comprometidos con la empresa. ¿Cuántas veces vemos que tanto el dueño como sus directivos, gerentes y empleados jerárquicos están buscando la mejor manera de zafar o no cumplir con el trabajo? Es ahí en donde empiezan las culpas, unos culpan a otros, y nadie sabe quién comenzó o quién fue el responsable. Para comenzar, todos lo son, pero principalmente los accionistas son los primeros, los que imparten el tiempo, el ejemplo, el cómo y el lugar en donde se deben desarrollar las cosas.

Entonces nos preguntamos: ¿y vos qué haces por la empresa? ¿O sólo pensás en vos? ¿O en tus grandilocuentes objetivos personales? Si observan, la mayoría busca salir de la empresa en todo momento, pasando responsabilidades a todos sin asumirlas, sin tomarlas, pensando que todo lo que tienen es de ellos, y ese todo es todo, pero en realidad no es nada, sólo una ilusión de una empresa que no es, solo existe una ilusión del todo y, en la realidad, de la nada.

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