Prevenir nunca es curar

«Llevá abrigo que va a refrescar y te poder resfriar». «Salí con el paraguas que está por llover». «Revisa el auto antes de salir a la ruta». Estas son las frases que escuchamos antes de recibir el famoso: «Viste yo te dije, viste no me hiciste caso, ¿y ahora, qué vas a hacer?».

Estas expresiones de cuidado de «los que más saben» y siempre están para dar consejos, están a la orden del día para prevenir accidentes o situaciones que pueden alterar  la vida de cualquier ser humano u organización. Y sólo provocan distracción sobre cuál es el real problema a enfrentar, el prevenir o el curar.

¿Pero esta prevención ayuda a curar la verdadera enfermedad en los temas que se padecen? Esa enfermedad está latente dentro de las empresas y muy difícilmente se cura, ya que no hay consciencia de la realidad y las verdaderas causas del problema y con el «yo te dije o te avise» no arreglamos el problema, sólo trabajamos lo coyuntural y no lo estructural.

¿Cuál es la traba para trabajar sólo lo coyuntural y no lo estructural? Básicamente el costo financiero, el emocional y el cambio mental que hay que realizar es muchas veces tan dramático y fuerte que contrasta duramente con la realidad del empresario y su empresa.

Vamos a un ejemplo. Muchas empresas tienen en su nomina empleados que no deberían estar más, porque no cumplen con los objetivos, porque generan una cultura de desánimo en el resto o porque son un mal ejemplo para la organización.  Ahí empiezan los típicos cambios de roles, funciones, reacomodaciones y hasta mentiras propias de cómo hacer que esta persona trabaje en tal o cuál función a fin de no entrar en los costos mencionados y tener que tomar decisiones estructurales profundas que impliquen un cambio de giro en la organización.

Lo mismo sucede en la línea de productos y los clientes. Hay productos que se trabajan dentro de la empresa, porque el costo de terminar con los mismos supone decisiones de fondo muy trascendentales y difíciles de tomar. Estas decisiones son muy duras e implican cambios de rumbo y de gestión, lo mismo con cierto tipo de clientes los cuales son subsidiados por la organización y se decide mantenerlos a fin de no alterar el rumbo comercial de la empresa, siendo estos clientes muchas veces deficitarios donde se distraen recursos y energía en todo el sistema de la empresa.

Todo esto es realizado y gestionado porque nadie se atreve a hacer las preguntas ¿Sirve esta empresa de esta manera? ¿Por qué me tengo que reinventar si así estoy bien y puedo aguantar? ¿Cómo trabajamos de otra manera?

Los tiempos que vienen son muy vertiginosos y van a requerir empresas agiles con mayor capacidad de reinvención y adaptación a los cambios bruscos que tienen las economías globales, los países y los cambios climáticos. Reinventarse es parte del proceso constante de cambio que este mundo nos propone y convoca en forma sostenida.

Para poder enfrentar esto no se tiene que trabajar en solo la prevención sino en una profunda reconversión de la empresa en su totalidad. Una reconversión que implica decisiones profundas, serias y de mucho alcance. Una visión global de la compañía y de todos los integrantes en su mundo de negocios.

Parecería que existe un miedo constante en no reinventarse, que el cambiar es un imposible y que siempre es mejor trabajar en la prevención y la provisión que con el cambio profundo.

Las empresas enfrentan modelos de negocios e inversión cada vez más complejos con metodologías cada vez mas enfocadas a la tecnología, la rapidez y efectividad en la toma de decisiones.

Si prevenimos en vez de curar, trabajamos solo en una aspirina en un sistema que necesita una profunda transformación antibiótica y no simbiótica. Esa transformación solo se puede realizar si hay una verdadera convicción que el rumbo y la forma de hacer los negocios tienen que transformarse.

Entonces esperar que nos digan que es mejor prevenir que atacar el problema de raíz es seguir con el virus sin intentar erradicarlo para, definitivamente, poder crecer y desarrollarse con mayor fortaleza. Aunque algunos esperan todos los días el mensaje de la prevención, como herramienta de justificación de lo que no pueden cambiar, lamentablemente el cambio inexorable les vendrá desde afuera intempestivamente, mostrando una vez más que el tiempo para las cosas desde adentro se acabó, esperando el «típico mensaje de distracción» que nunca cura.

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